“El Fondo Marino” es una metáfora fotográfica de un lugar y un tiempo: Castilla La Vieja, región de la meseta central española, en el siglo XXI. 
A través de la mezcla entre imágenes clásicas de paisaje en blanco y negro y de retratos, el ensayo quiere construir la idea de añoranza por lo que se fue, presente en este lugar y presente en este tiempo. 
Castilla, conocida por ser una tierra de escasez y dificultades, de clima extremo y pueblos hechos de pequeñas casas de adobe, pierde un gran porcentaje de su población a cada año, configurando una de las zonas que reciben hoy el nombre de “España Vaciada”.
Castilla es también la tierra de Miguel Delibes, uno de los escritores más importantes de España,  que la hizo célebre con novelas como “El Camino” y “Viejas historias de Castilla La Vieja” y que estaría cumpliendo cien años este año de 2020. Las descripciones que hizo en estos textos sobre el páramo, formación geológica elevada y plana que caracteriza a esta zona, sirven de guía para la construcción de las imágenes del ensayo. 
El páramo fue un día un fondo marino. Hace 5 millones de años, las aguas de este paisaje que antes era mar fueron bajando, dejando atrás el suelo llano, los fósiles, la piedra caliza, blanca y desnuda.
 “El Páramo es una inmensidad desolada y el día que en el cielo hay nubes, la tierra parece el cielo y el cielo la tierra, tan desamueblado e inhóspito que es”, describe Delibes a este lugar que fue escenario de muchos de sus escritos. Dice el escritor: “el Páramo no tenía principio ni fin. Era una cosa tan ardua y abierta que sólo de mirarlo se fatigaban los ojos”. El mar que ya no está es quien provoca esta fatiga. Su ausencia produce desazón, su pérdida se palpa en la sequedad de la estepa y en la dureza de las miradas de su gente.
El escritor también es guía de este proyecto en la ejecución de los retratos, hechos a los que, haciendo el camino contrario a sus personajes, insisten en quedarse en el páramo. Mientras Daniel, el Mochuelo e Isidro, el Estudiante, se van de sus pueblos hacia la ciudad, nosotros y los retratados, buscamos echar raíces en esta tierra caliza, que un día fue mar.
Haciendo un paralelo entre el vaciamiento de este mar prehistórico con la despoblación del páramo, “El fondo marino” se presenta como un documental imaginario, teniendo la nostalgia por lo que se secó como trasfondo, pero mostrando miradas fijas y esperanzadas en el horizonte plano del paisaje.
Para poder respirar, seguimos subiendo al páramo, como quien se ahoga busca la superficie. El viento que azota nos llena los pulmones. De cierta forma, es el mar que vuelve, como una vez mas escribiría Delibes: “un mar gris y violáceo en invierno, un mar verde en primavera, un mar amarillo en verano y un mar ocre en otoño, pero siempre un mar”.
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